sábado, 6 de febrero de 2010

Un Cuento

Discúlpeme Maestro, no lo tome como un plagio, tómelo como un homenaje, solo imité el final de su cuento.

Catalina es una mujer de unos 25 años, de casi 1,65 cm de alto, su tez blanca, pelo rubio y ojos celestes, le otorgaron el mote de La Polaca, nació y se crió en la selva misionera, desde muy pequeña conoció el dolor de la partida, su padre las abandonó, a su madre y a ella, cuando tenia 8 años, desde entonces no confió jamás en la palabra de un hombre, terminó la secundaria como pudo, tiene carácter fuerte, no piensa, ejecuta.
Siempre tuvo por costumbre, y sin que pudiera evitarlo, internarse en la selva para observar las plantas y animales, conoce los senderos como nadie, la fauna la rodea como si fuera una mas en la espesa selva, pasa horas allí sentada a la vera del camino sin pensar en nada, se siente segura entre la naturaleza que explota con sus tonos verdes, marrones y amarillos.
Una tarde, internándose en la selva, vio un hombre sentado sobre un tronco caído, sus prendas se mimetizaban con los colores de la vegetación, observaba inmóvil con sus binoculares, morocho, de espaldas anchas, daba la impresión de estar sentado allí hace siglos, se quedó a observarlo del otro lado de la senda.
Ese hombre es Romualdo, de unos 34 años, se había criado en Buenos Aires, sin padres, desde los 11 años, la calle fue su hogar, nunca terminó el secundario, pero lo llamaban El Sabio, conoce a las personas desde el primer apretón de manos, por obra del destino conoció a Don Aguirre, director de la Facultad de Ciencias Naturales, con él aprendió a diferenciar las especies de pájaros, plantas e insectos, se dedicó a observar la naturaleza casi como una obsesión.
Al sentir que lo observaban, Romualdo giró su cabeza y se encontró con La Polaca, esos ojos celestes lo dejaron sin aliento, era una imagen angelical, una visión, La Polaca se ruborizo al ser descubierta, pero no podía apartar su mirada de ese hombre que la descubrió observándolo.
Lentamente y como si nada, Romualdo abrió su bolso, sacó la yerba, la bombilla, el porongo y un termo viejo con agua caliente, comenzó a cebarse unos mates, el calor y la humedad eran insoportables, al segundo mate Romualdo transpiraba como un caballo y desde el otro lado del camino la voz de La Polaca que le dice:

- Mejor con agua fría.

Romualdo sin mirarla le respondió:

- Eso seria un Tereré y no estoy acostumbrado
- Acostúmbrese si va a andar por aquí. (Respondió La Polaca)
- Puede que tenga razón.

Durante el cruce de esas pocas palabras casi no se miraron, ambos muy toscos, desacostumbrados a tratar con extraños, atraídos casi sin darse cuenta trataban de averiguar del otro.

- Usted es de por aquí? (preguntó Romualdo)
- Si, nací aquí mismo.
- Entonces conoce el lugar.
- Así es.
- Estaba buscando a alguien que me pudiera guiar.
- Necesita recorrer la selva para seguir observando? (Preguntó La Polaca)
- No solo eso, hace una hora que estoy aquí sentado y descubrí que estoy perdido.

La Polaca no pudo evitar soltar una carcajada, al verla sonreír, Romualdo quedó perdidamente enamorado de ella.
Pasó el tiempo, Romualdo y La Polaca fueron inseparables, su amor crecía día a día, hasta que pasando por donde se vieron por primera vez, Romualdo sin pensarlo, le propuso casamiento, La Polaca no lo dudo un instante y le dio el sí antes que Romualdo pudiera terminar la frase.
No todo fue un cuento de hadas, internados en la selva sin civilización cerca La Polaca tuvo a sus tres hijos en la casa, como única ayuda para recibirlos…Romualdo, enfermedades, picaduras de insectos y toda urgencia era una complicación, pero sobrevivieron a todo, se convirtieron en una familia de guías, formaron, con la ayuda de Don Aguirre, su empresa de turismo aventura, allí fue donde los conocí y también donde conocí al hombre que seria una pesadilla para Romualdo.

Ese hombre se llamaba Francis Oriwik, un holandés de 1,92 cm, rubio, de buen porte, acostumbrado a los deportes, en cuanto descubrió a La Polaca quedó obsesionado por su belleza e inocencia, Romualdo leyó las intenciones de este hombre desde el principio, La Polaca ni cuenta se daba de esas intenciones y trataba de aplacar los celos de Romualdo…

- Romualdo estas viendo cosas que no son (le dijo La Polaca)
- Uds. Las mujeres son unas tontas, no se dan cuenta de nada (replico Romualdo)

Una tarde Romualdo estaba en la posada del pueblo tomando unas grapas con los demás vaqueanos, sentado de espaldas a la puerta escucho el buenas tarde de Oriwik, Romualdo lo miró de costado, el alcohol lo había soltado un poco, encaró al holandés y sin titubeos le dijo….

- Venga Francis, tenemos que hablar (indicándole una mesa lejana y oscura de la posada)
- Diga Don Romualdo (respondió Oriwik en un raro castellano)
- Sé de sus intenciones con La Polaca
- No sé de qué me habla, no tengo ninguna intención con ella, además es su mujer.
- Miré, no me tome por tonto y aléjese de este lugar
- Me está amenazando?
- Solo se lo advierto Francis (le respondió Romualdo apoyando su mano en el facón)
- No crea que me intimida Romualdo, esto no va a quedar así.

Pasaron unos días y el comisario del pueblo llegó a la casa de Romualdo y La Polaca…

- Buenos días comisario, que lo trae por aquí? (lo recibió La Polaca)
- Buenos días Catalina, esta mañana encontramos al holandés acuchillado en el monte.
- No puede ser, quien pudo haber echo algo así?
- No lo sabemos todavía, pero según algunos testigos dicen que lo vieron hace unos días intercambiar algunas palabras con Romualdo.
- Romualdo?, seria incapaz de matar una mosca.

Romualdo escuchaba toda la conversación desde la casa, fue hasta el cobertizo, buscó su facón, lo sacó de la funda y lo observó detenidamente, respiró aliviado cuando lo vio inmaculado y sin rastro de sangre.

2 comentarios:

Ignacio Reiva dijo...

Muy bueno, ese final es más que interesante.

angel21mbp dijo...

Lo único que te escribo es... Que te extaño mucho.... "Desapareciste"

TU M